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Tema: Aenimeisyeon: El Anime de Corea del Sur

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    Corea del Sur Aenimeisyeon: El Anime de Corea del Sur





    “Han-guk Manhwa Aenimeisyeon” tecnicismo por el que se conoce el cine de animación surcoreano, en el que se incluye el término “manhwa” (historieta ilustrada, por extensión, los cómics) y el anglicismo adaptado fonéticamente “animation” (como sucede analógicamente en Japón con la palabra “anime”). La diferencia sustancial, con respecto a la etimología terminológica que utiliza Corea del Sur para llamar a las películas de animación en contraposición a la que hacen servir otros países, es que en la raíz de sus primeros ideogramas se puede extraer simbólicamente el concepto de “arte”.
    El cine de animación surcoreano, como el japonés, adquiere una categoría idiosincrásica; exige sublimar la animación más allá del reduccionismo terminológico en el que muchas veces se ha caído desde Occidente, donde históricamente se ha tendido a considerar que los “dibujos animados” son un entretenimiento pueril para niños. Buena prueba de esta respetuosa categorización autóctona la certifican por sí solas algunas de las piezas que nos han llegado en los últimos tres lustros: auténticas obras de arte animadas, cuyo nivel artístico está al mismo nivel cualitativo que la animación que nos llega cada año de las dos actuales potencias mundiales en cuanto a esta materia se refiere, es decir, Japón y los Estados Unidos. Por desgracia nuestra, el cine de animación surcoreano no ha tenido demasiada aceptación en nuestro país. Sin embargo, y sin que en muchos casos lo sepamos (a no ser que nos quedemos contemplando los títulos de crédito finales), se cuentan por centenares los “anime” cuyos acetatos o “frames” concebidos en CGI han sido confeccionados por pequeños estudios de Seúl o de otras poblaciones surcoreanas. Ahora, por suerte, podremos disfrutar con The Fake, una cinta que nos demuestra que se puede hacer cine de denuncia, en este caso para cebarse con la corrupción local, a través del cine de animación.
    Pero, ¿cómo los animadores surcoreanos han conseguido llegar hasta el nivel de excelencia actual? ¿Qué animadores punteros, después de arduos años picando piedra, lograron transmitir sus sueños en forma animada? Y entre los centenares de “aenimeisyeon” que existen, ¿cuáles de esos largometrajes resultan imprescindibles para entender la evolución histórica del cine de animación en Corea del Sur? Acompáñanos en esta regresión animada en la que seguramente, entre garabatos, acetatos y paletas de colores variadas, encuentres tu película de animación soñada.



    Prehistoria animada en el país de la tierra de la mañana tranquila

    Casi 60 años separan la primera muestra animada que se recuerda con respecto a The Fake. No obstante, el primer hit animado no fue un largometraje, ni tan siquiera un corto, sino un anuncio publicitario de una, por aquella entonces famosa, marca de dentífricos nacional. Corría un día tranquilo y apacible del año 1956 cuando millones de coreanos pudieron contemplar en sus pequeñas cajas tontas ese revolucionario anuncio en blanco y negro realizado en dibujos animados que se intercalaba en la pausas del, curiosamente, primer TV drama de la historia de la televisión surcoreana (The Gates of Heaven).

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    Aún tuvieron que esperar diez años más para que pudieran disfrutar del primer filme animado en las salas de la época: Hong Gil-dong (1967), basada en una novela “pulp” de la dinastía Joseon y realizado por Shin Dong-hun (considerado el padre de la animación surcoreana). Sin tiempo para saborear el éxito, y trabajando a ritmo frenético, el 15 de Agosto del mismo año estrena su segundo largometraje como director de animación: Hopiwa and Chadol Bawi. Dong-hun era un admirador ferviente de Osamu Tezuka y de su “moderno” proceso de mecanización animada, así como de sus historietas en viñetas. Precisamente, un personaje del país de los cerezos en flor que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, después de que se quemaran los originales en los teatrillos de papel ambulantes donde fueron concebidos (los “kamishibai”), y que Tezuka había logrado rescatar en forma de cómic, se convirtió en la primera película de animación surcoreana en romper las taquillas locales: Golden Bat (1968). El “anime” de este antihéroe que vestía un traje dorado y una calavera como máscara para resguardar su verdadera identidad, estaba teniendo un éxito arrollador en el canal nacional surcoreano, y por este motivo el otrora cineasta secuestrado por el gobierno norcoreano Shin Sang-ok decidió comprar los derechos a la compañía independiente Daichi Doga para hacer su propia versión pensada para salas de cine. A partir de entonces, el murciélago dorado se tornó coreano. En el mismo año llega Golden Iron Man / Hwanggeum-Cheolin, de Park Yeong-il, un filme muy influenciado por los diseños de Disney (con homenajes explícitos al Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas) y una animación cercana en su concepción infantil (especialmente el de las mascotas) al concebido en los Fleischer Studios. El filme adaptaba las tiras cómicas de homónimo nombre aparecidas en el diario nacional Chosun Boy, en las que se plasmaban las proezas de un superhéroe extraterrestre que procedía de un planeta apodado “La Tierra de los Sueños”, siendo sus compañeros un niño y su osito de peluche, con alusiones cercanas a los mundos imaginarios de Lewis Carroll mezclados con el folklore local. 1968 marcaría, pues, un antes y un después en la historia de la industria de animación autóctona.

    Manufacturación animada

    El perfecto modelo industrial “tezukaniano” permitía abaratar los costes y mantener el ritmo regular de producción y fue exportado a suelo surcoreano por Dong-hun, convirtiéndose en todo un empresario dedicado al mundo de la animación que daba trabajo a miles de compatriotas. Se estima que, a finales de los años 60, trabajaban unas 20 mil personas en la industria de la animación (con sueldos muy bajos, eso sí). Si a todo ello sumamos el auge de los seriales de robots gigantes y las sagas espaciales en el anime, y que éstas calaron hondo entre los coreanos, tenemos como resultado el primer boom industrial de la “aenimeisyeon”. Una portentosa y ascendente industria local se afincaba en el lejano Seúl de mediados de los 70. La primera en remarcar esta tendencia exportada de sus vecinos nipones fue War of the Monsters (1972), que tomaba prestado el título internacional de una película de la saga Gamera (concretamente la que enfrentaba a la galápago gigante contra el monstruo Barugon) para ofrecer un cóctel animado de monstruitos hostiles y héroes en la línea de Ultraman y el “tokusatsu” parido por Eiji Tsuburaya (de hecho, el kaijû estaba teniendo mucha aceptación entre el público coreano, como testimonia Space Monster Wangmagwi, de Kwon Hyeok-jin).

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    Las imitaciones de Mazinger Z proliferaron e incluso mejoraron al legendario robot de Go Nagai. De todas ellas, y a regañadientes de Dynamic Pro., destaca el gran Robot Taekwon V, cuyo diseño y señas de identidad robótica asimilaban especialmente las del Great Mazinger (la secuela del coloso bañado con aleación Z que diseñaría Nagai en 1974). El 24 de Julio de 1976 se estrenaba el que sería el primer filme de una longeva saga. La película, de hora y media de duración, rescataba el argumento de Nagai: un científico loco quería apoderarse del mundo con sus titanes de hojalata y un chaval que practicaba taekwondo era el encargado de frenar sus ansias dominadoras con una gigantesca masa de metal que efectuaba movimientos y llaves del deporte rey surcoreano para combatirlos. Robot Taekwon V es un personaje muy querido por toda esa generación que fueron testigos de su nacimiento; nacimiento propulsado por uno de los nombres claves de la animación de aquel momento: Kim Cheong-gi, que luego sería el responsable, entre otras, de reinterpretar un par de mega sagas japonesas de robots gigantes más, como son Gundam y Macross, para parir la serie Space Gundam V (un refrito ideológico de la serie de robots espaciales de la productora Sunrise combinado con el diseño de las valquirias creadas por Shôji Kawamori).

    Cheong-gi también fue responsable de Gold Wing 1,2,3 (1978), en la que aparecía un perro robot y cuyas aventuras llegarían a cruzarse con las del robot Taekwon (en sintonía con los crossovers de la época, como los Getter Robot de Go Nagai), y Super Metal Robot Solar 123 (1981), en la que tiraba del tan manido concepto del equipo de robots espaciales que batallaban contra fuerzas enemigas hostiles del espacio profundo, y en la que incluso aparecía el primo hermano del Naranjito en forma de robot bobalicón con las hélices de Doraemon incorporadas (¡!). Las coyunturas históricas propiciaron estas olvidadas animaciones que, los que disfrutamos en nuestras infancias jugando con los transformers, ahora recordamos con nostalgia. Y es que de todas ellas pudimos empaparnos y disfrutarlas en nuestros añorados videoclubs de los años 80: en la sección infantil siempre encontrabas esos Betas y VHS en cuyas risibles carátulas asomaba algún titán de metal dibujado y coloreado con ‘plastidecor’. Puede que esa alineación industrial se tradujera en una imagen peyorativa de la animación coreana por parte de otras industrias animadas asiáticas del momento (Japón rivalizaba seriamente con Corea del Sur, sobre todo, para frenar sus presuntos plagios).

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    Curiosamente, esta imagen negativa es la misma que despertaron los “anime” en su boom mediático a mediados de los 90 en Occidente. Los estereotipos característicos de la animación surcoreana se emparentaban con los de los japoneses, con la diferencia marcada en los rasgos faciales y, especialmente, el brillo de los ojos. Con respecto a los fondos y el gramaje eran, en líneas generales, más pobres que el de los “anime” facturados durante los 70 y primeros años 80. Otros desprejuiciados productos fueron puestos en el mismo paquete que esas cintas de super-robots gigantes y todo el mundo se creía que provenían de Japón, tipo Golden Batman (Han Heon-myeong, 1979), que mezclaba el archiconocido personaje de DC creado por Bob Kane y el Golden Bat en una animación putrefacta; Transformers King Mazinga (Jeong Su-yong, 1981), que fue remontada por el avispado productor hongkonés Joseph Lai y vendida a los mercados internacionales (nos llegó aquí rebautizada como Defensores del Espacio) o Super Express Majinga 7 (Lee Gyu-hong, 1983). Pero tanto nos daba siendo unos críos, sólo queríamos batallas interestelares protagonizadas por grandes moles de hojalata oxidada.

    Por su parte, Daewon Media, compañía multimedia que había asistido en algunos animes tan memorables de la Toei Animation, decidió impulsar sus propios productos animados pensados para el público surcoreano. Ellos fueron los responsables de la primera serie animada para la televisión pública KBS (propiedad del gobierno): Wandering Gatchi (1987). Dada la buena respuesta, en un par de años llegaron a coordinar hasta 13 series autóctonas. Paralelamente, y a similitud de nuestro Cobi, la Munhwa Broadcasting Corporation les encargó un serial de Hodori, la mascota de los Juegos Olímpicos de Seúl del 1988. La calidad de sus productos seguía siendo algo discutible (animación limitada condicionada por la vorágine de tener que presentar semanalmente nuevos episodios), pero al obtener beneficios inmediatos con sus seriales les permitió expandir el negocio hacia el terreno editorial de los “manwha” y de los videojuegos y, como tales, nuevas franquicias animadas a través de ellos.

    Reconversión noventera

    La década no podía empezar mejor: en Noviembre de 1990 abre la compañía DR.Movie, que desde sus inicios planifica y da soporte a compañías extranjeras dedicadas al campo de la animación. Principalmente en Japón, donde consigue aliarse como “partner” oficial de Madhouse Studio (desde 1991 hasta la actualidad). En su trayectoria profesional como estudio de animación externo ha trabajado estrechamente con dos de los pesos más pesados de la animación japonesa como (era) Satoshi Kon y (es) Mamoru Oshii; también en los filmes de Pokemon y como estudio de apoyo en compañías de “anime” tan conocidas como el propio Studio Ghibli, Sunrise o Gonzo. También han colaborado con productoras norteamericanas, siendo fundamental su labor de aprovisionamiento de acetatos para las series de animación de Spawn (el personaje de ultratumba creado por Todd MacFarlane) y Godzilla (después de que Roland Emmerich estrenara su apócrifa versión en 1998). Con el tiempo también crearon algunas series de confección propia, por ejemplo Michel (junto a Iconix Entertainment, también coreana).

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    Mientras que Cheong-gi procuraba que su llama animada no se apagara, esa llama de azul incandescente que lo había catapultado al Olimpo de los animadores pioneros con sus criaturas de chapa y metal rebañadas con pintura de tonalidades azuladas. Sin embargo, sus clones robóticos y desfasados ya no tenían aceptación, ni entre los pequeños distribuidores internacionales, ni tan siquiera entre la chiquillería de la época, que habían sucumbido ante el boom del anime para adultos (con Akira como título fundacional y emblema de la nueva ola). Su Robot Taekwon V 90 (1990) pasó algo inadvertida, no podía competir con los Ingram japoneses, que eran los robots que equipaban un sui generis grupo de policías en Patlabor y que fueron toda una revolución para la animación tecno-futurista. Aún con todo, los surcoreanos querían exportar la fórmula del anime para otro tipo de audiencias que no fueran los niños o adolescentes e incluir erotismo en sus imágenes. Pensaban que con Blue Seagull (Sin Doung-hun, 1994) lo conseguirían. Lo cierto es que esta película de poco más de una hora de duración tuvo una buena acogida, pero a la sombra de los largometrajes animados para adultos que estaban produciendo con mimo los nipones. De hecho, su historia nos retrotraía al país de los “Kami” y uno tiene la sensación cuando la visiona de que fue pensada para exportarla al mercado japonés: una desaparecida espada de la Dinastía Joseon aparece en el Japón actual y un grupo de supuestos arqueólogos van tras ella hasta que se dan cuenta de que ha caído en manos de un clan “yakuza” que se dedica a traficar con armas antiguas. La historia transcurre principalmente entre Japón y Nueva York, y Corea sólo aparece de refilón porque un miembro del grupo de buscadores es de esta nacionalidad.

    Aprovechando el tirón de Dragon Ball en los mercados occidentales y justo antes de que su autor quemara sus últimos cartuchos en las viñetas originales, los coreanos se sacaban de la manga una especie de versión autóctona: Super Kid (Um Yi-yong, 1996), una única película en la que el diseño de personajes y sus ropajes (especialmente el de los villanos) se parecían sospechosamente a aquellos que recordábamos de las primeras épocas de la archiconocida obra de Akira Toriyama (aunque algunos bichos extraterrestres parecían diseñados por Yoshihiro Togashi, pues eran clavados a los de Yû Yû Hakusho, por aquel entonces también muy de moda entre los adolescentes asiáticos). La historia transcurría en 2023 y teníamos a una reportera (¿Bulma?) que seguía las correrías de Gokdari (¿Goku?), un agente espacial que, junto con sus amigos (todos ellos expertos en técnicas marciales que implicaban el uso de la magia), luchaban contra extraterrestres hostiles. Transformaciones en super-guerreros, combates eternos, planetas destruidos y algún que otro maestro vejete pervertido al más puro Duende Tortuga. En definitiva, cien minutos de puro desenfreno animado y acetatos mal acabados para troncharse de risa.

    Tocando a las puertas del nuevo siglo, el cine de animación nacional necesitaba de un impulso que lo hiciera virar a otro nivel de más calidad con el que pudiera generar el suficiente interés como para que las audiencias internacionales, embobabas por las hordas de anime, se percataran que otras cinematografías asiáticas podían sumergirlos en un sinfín de ficciones animadas de ensueño. Aún pasaría un lustro para que esto ocurriera; competir con la supremacía de la animación nipona era una tarea digna de titanes. Aún así, el gobierno del por aquel entonces Primer Ministro Kim Young-sam (Segundo Presidente de la Sexta República y el primero en ser escogido democráticamente después de la Dictadura, un dato clave para el modelo económico y empresarial posterior) impulsa un anteproyecto de ley para modificar los criterios de cotización de las empresas animadas. El 15 de Marzo de 1995 se aprobó una ley muy beneficiosa para los intereses del gremio de la animación: las empresas dedicadas a la animación u otros productos derivados pasaban a ser englobadas en el Sector Industrial y dejaban de formar parte del Sector Terciario, como hasta la fecha se habían venido considerando. Un hito histórico, pues las compañías vieron reducidas las tasas e impuestos a pagar anualmente, en algunos casos de hasta un 20%. Eso significó que disponían de mayor presupuesto para planificar sus productos animados. Con esta nueva ley en la mano nacen nuevos canales especializados en animación local, como Tooniverse, que inicia sus emisiones en Diciembre de ese mismo año y sus estatutos internos sólo permitían que un 30-25% de la parrilla fuera copada por animación extranjera.

    El siglo XX no podía clausurarse de mejor manera para la industria de animación surcoreana: Restol, the Special Rescue Squad, serie de ciencia ficción de 26 episodios que, avanzándose al nuevo milenio, planteaba una tierra devastada por culpa del cambio climático y un equipo de rescatadores que, además, se dedicaban a preservar el medio ambiente, consigue hacer subir la calidad de los productos animados regionales. Fruto de ese input cualitativo en la confección de los “cells” y una trama algo más compleja consigue convencer a su target potencial: los espectadores que estaban a punto de alcanzar la mayoría de edad. Las casualidades temporales hicieron coincidir esta serie con Eden (1998-2008), del dibujante Hiroki Endo, un manga muy de boga en ese momento y que recurría al mismo planteamiento. La psicología también era clave en la confección de las tramas, como estaba ocurriendo en el “anime”, como Brian Powered (cuya conexión con la preservación del medio ambiente era el mensaje principal que se escondía detrás de su escaleta argumental paracientífica). Sea como fuere, este tipo de “leit motiv” estaban de moda en las series de animación asiáticas (Japón, como siempre, en la delantera) y Corea no fue la excepción.

    Y llegaba el nuevo milenio…

    Milenio animado

    Antes de que todos quedásemos rendidos con los primeros thrillers o las primeras películas de terror surcoreanas, una pizpireta niñita creada especialmente para el servicio postal electrónico desembarcaba en forma de serie de animación realizada exclusivamente con el programa Adobe Flash. Su nombre: Pucca, una indescriptible e irreverente moza de tonalidades rojizas nos hacía sonreír mientras intentaba enamorar a un ninja llamado Garu. Pensada inicialmente como una serie de cortos para luego evolucionar en una longeva serie de televisión, su aceptación internacional fue tal que propició que Vooz, la empresa responsable de su creación, cediera los derechos a la compañía de Vancouver Studio-B Pro para su propulsión definitiva a los mercados occidentales. De resulta: cantidades incontables de “merchandising” y la primera vez que un “cartoon” surcoreano conseguía supeditar a las series infantiles niponas del momento (por ende, Pokemon y Digimon).

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    Y en 2002 un pingüinito creado íntegramente por ordenador conquista el corazón de millones de niños por toda Asia: Pororo, the Little Penguin. Se trataba de capítulos de corta duración (de entre 5 y 11 minutos) en la que un grupo de animalillos de hábitat polar vivían en una isla aislados de cualquier atisbo de civilización humana. En cada episodio se daba algún conflicto moral que debía resolverse de la forma más diplomática posible. Una serie didáctica para los más pequeños de la casa.

    Aún así, y exceptuando Francia, una pequeña joya del cine costumbrista, pero realizada con distintas técnicas de animación, pasó inadvertida por todo el mundo: Mari Iyagi (2002). Su realismo mezclado con las imágenes fantasiosas, de puro onirismo, para rememorar de forma melancólica esos tiempos que se fueron y nunca volvieron, enamoraron a más de uno. Su devenir melancólico, la reminiscencia estacionada en el tiempo de dos viejos amigos de infancia que agotan sus últimas horas en un pueblo costero mientras se dejan atrapar por el alma de un faro abandonado, emocionaba por la sencillez y los regalos que enseñaba que la vida te puede deparar. Ópera prima de Lee Sung-gang, se llevó el gato al agua como mejor filme en el prestigioso Festival de Animación de Annecy (uno de los más importantes de esta categoría a nivel mundial, por no decir el que más), abriendo la caja de Pandora y derribando, por fin, ese estereotipo racial de que los surcoreanos no sabían hacer películas (ya no solo de animación). De hecho, son significativas las cifras estadísticas de esos tres primeros años del nuevo siglo: hasta 200 nuevos cortometrajes realizados por estudiantes universitarios intentan buscar lugar en festivales especializados. El cénit de la animación surcoreana no había hecho más que empezar. El interés por la “aenimeisyeon” era similar al que vivió el “anime” a principios de los años 90, sólo que aquí, como siempre, no nos enterábamos.

    El gobierno coreano, más listo que un lince, no era ajeno a este fenómeno. Veía la animación como el nuevo valor cultural del país, convirtiéndose en todo un patrimonio de Corea del Sur. Casualmente es en 2003 cuando, después de rebuscar en filmotecas y roñosos almacenes de obsoletas salas de cine pendientes de derribo, se encontraron los negativos perdidos del primer filme de Taekwon. Y la Korean Film Council, ni corta ni perezosa, decidida a convertir al robot cafetera en un símbolo cultural del país y protegerlo de las amenazas de querella por plagio que habían planeado desde su nacimiento, decide invertir la friolera de 2 billones de wons en una completa restauración. Contrataron a 72 expertos animadores profesionales para que pudieran restaurar a mano, fotograma a fotograma, los más de 108 mil acetatos de los que se compone el largometraje. Y así, después de dos años de arduo trabajo, en Octubre de 2005 se presentaba en el Festival Internacional de Cine de Pusan la versión definitiva del Robot Taekwon V.

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    Junto con los recientes éxitos nacionales, destacaba por encima de los demás Wonderful Days (2003), que pretendía ser un poco el nuevo Akira asiático, si bien técnicamente, así como sus personajes, nos recordaban (demasiado) a los mundos nihilistas del dibujante Tsutomu Nihei. Eso no quitaba la espectacularidad de sus gráficos y un bienintencionado formulismo del cyberpunk de nueva cuña. A pesar de sus intenciones megalómanas, esta cinta de Kim Moon-saeng fracasó estrepitosamente en taquilla (2 millones de dólares frente a los 10 que costó).

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    Tuvo más suerte equitativamente hablando entre “budget” y recaudación Oseam (Seong Baek-yeob, 2003), una emotiva y amable producción en la que a través de dos huérfanos que son acogidos en un templo budista nos permitía adentrarnos en las enseñanzas básicas de esta religión que actualmente practica el 22% de la población surcoreana. Estas dos eufonías animadas, además de demostrar que los coreanos también pueden tocar todos los palos posibles desde la animación (y añadiría que también a través de sus cómics), son las que pusieron la industria surcoreana en el punto de mira internacional.

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    En 2004 nos llega Hammerboy, de Ahn Tae-geun, una película cerrada de aventuras al más puro estilo Dragon Ball. Ubicada en un futuro post-apocalíptico, en el que la mayoría de continentes han quedado sumergidos bajo los océanos, tenemos a un mocoso apodado Mangchi que tiene un martillo mágico con el que desenvuelve cada vez que se ve en algún apuro. Las casualidades lo cruzarán con una princesa de un reino que vive asediado por otro feudo. La película estaba eminentemente destinada al público infantil y se basaba en un exitoso “manwha” de Ha Yeong-min.

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    DR.Movie por su parte, aliándose con la mítica productora nipona Tatsunoko (la creadora de Comando G), acepta el encargo de la compañía norteamericana Harmony Gold, y presenta una de las mejores animaciones fílmicas de esa década: Robotech – The Shadow Chronicles (2006), que fue orquestada a cuatro manos por dos realizadores coreanos (Tommy Yune y Lee Dong-wook) bajo la atenta supervisión a distancia de la Tatsunoko. A estas alturas de la película sobra recordar que Robotech fue el invento serializado que el desaparecido e ingenioso productor obsesionado por la scifi nipona Carl Macek hizo mediante el remontaje de 3 animes (Macross, Mospeada y Southern Cross). Este largometraje lanzado “direct-to-video” prosigue lo hechos que quedaron en el aire después del episodio 85, y lo hace con una sofisticada animación (uso combinado de 2G con 3G infográfico y CGIS para las batallas espaciales) y una intricada trama pacifista en la que destacan la minuciosa caracterización de todos los protagonistas animados y grandes diálogos en los que te pierdes ante tantos tecnicismos. El mundo de los “Protoculture” y los “Invids” no sería lo mismo sin esta magna opus que por aquí pasó muy desapercibida, incluso por los fans de la serie original. La saga proseguiría con Robotech: Love Live Alive (2013), realizada íntegramente por la Tatsunoko, pero con guión del coreano Tommy Yune.

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    Paralelamente, y como curiosidad arquitectónica, en 2006, coincidiendo con el trigésimo aniversario del primer filme de Taekwon V se proyecta una escultura; ésta finalmente consigue alzarse un año más tarde en pleno centro de Seúl. Asimismo se anunció a bombo y platillo una adaptación a imagen real del personaje valorada en 20 millones de wons, y que debería ser dirigida por Won Shin-yeon (¿alguien se acuerda de The Wig, ese filme de fantasmonas que necesitaba de peluquines para disimular su alopecia?). A día de hoy, y a pesar de algunos espectaculares teasers, no se ha llegado a materializar. También de 2006 es la producción más argumentalmente osada que hasta la fecha habían impulsado desde el terreno de la animación: Aachi & Ssipak, de Jo Beom-jin. Estamos ante una inclasificable amalgama de burradas animadas, ante una sinfonía de cyberpunk en que las defecaciones humanas se convierten en el nuevo combustible mundial y el gobierno controla la cadena alimenticia con unas deliciosas barras energéticas que causan adicción (¿sacó Bong Joon-ho de aquí la idea para las asquerosas barritas con las que se alimentan los proletarios en Snowpiercer?). Poco a poco, los humanos han ido mutando en ‘pitufos’ por culpa del consumo excesivo de las mismas, al mismo tiempo que van armándose en un escuadrón suicida cuyo objetivo es la de derribar el gobierno corrupto.

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    Yobi, the Five Tailed Fox es la mejor película de animación del 2007. Lee Sun-gang vuelve a sumergirse en la fantasía amable, respetuosa con el público infantil y viene a demostrar que trata a los niños como lo que son: personitas adultas. La historia envuelve a un zorrito aprensivo con los humanos con un grupo de alienígenas que lo único que quieren es reparar su nave para volver a su planeta natal. Cuando uno de estos extraterrestres termine en un parvulario, no le quedará más remedio que adoptar forma humana para rescatarlo.

    Revitalización de la industria: Yeon Sang-ho y sus cerdos falsantes

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    Hubo un vacío de un par o tres de años; la animación surcoreana necesitaba oxigenarse y volver a recuperar el beneplácito de los distribuidores internacionales. Hasta que llega Yeon Sang-ho y con su furia reprimida decide dinamitar las audiencias surcoreanas con dos producciones que tocan temas delicados con una ferocidad cuanto menos sorprendente. En King of Pigs lo hace de forma directa, como las patadas que reciben en el estómago los estudiantes marginados y oprimidos de un instituto cualquiera en el que la violencia viene justificada por el grado de competitividad y posición social de sus alumnos (tema hartamente discutido en los medios de comunicación en los últimos años con respecto al sistema educativo de Corea del Sur). Esta crítica al sistema educativo se saldó con tres premios otorgados en el Festival de cine de Busan de 2011. En The Fake no suaviza la bestialidad gráfica (hay secuencias desgarradoras que sobran), pero introduce de forma subversiva ciertas reflexiones sobre el grado de enfermedad que parece padecer la sociedad coreana en su colectividad (o esa es la imagen que se da viendo filmes como éste), evidenciando la corrupción y el arte del engaño que existe en muchos estamentos de la sociedad surcoreana (¿un poco como aquí?). El peor que sale parado en esta cruda descripción de la realidad distorsionada surcoreana es el estamento religioso. Sang-ho nos muestra cómo en la última década han aparecido decenas de falsos predicadores por todo el país con el objetivo de enriquecerse a costa de la débil fortaleza mental de muchos ciudadanos; también cómo muchos padres pueden arruinar las vidas de sus hijos. The Fake es la quintaesencia de la animación de este país eminentemente budista, que aquí pretende demostrar cómo el catolicismo la está haciendo retroceder. El grado de depuración gráfico es máximo y en todo momento nos parece asistir al visionado de una película de imagen real, pues los movimientos naturales que se han conseguido de los personajes animados denotan comportamientos de actores de carne y hueso (¡y eso con una paleta de colores amables, sin recorrer al CGI o a la infografía recargada!).

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    Actualmente se contabilizan unas 120 compañías nacionales que, más allá de realizar sus propios productos, se encargan de servir capítulos enteros de series planificadas en Estados Unidos o Japón. La mayoría son pequeñas o medianas empresas que de una forma muy eficaz, a precios muy ajustados con el PIB nacional y con una calidad incuestionable, logran entregar a tiempo las exigencias de estas compañías extranjeras. Las nuevas técnicas de animación, apoyadas por el uso de la infografía, han permitido que los surcoreanos (como los filipinos o tailandeses, aunque éstos en menor medida) se conviertan en una de las tres piedras angulares del extremo asiático en cuanto a animación. Y esto no ha hecho más que empezar. La globalización, mezclada con la aptitud y competitividad del mercado, una buenas universidades dedicadas al medio audiovisual y el espíritu de sus licenciados por creer y preservar el sentido figurado del término, han engrandecido la animación surcoreana como se merecía.

    A expensas del nuevo Taekwon V nos quedamos. Y mientras soñamos con la reconstrucción definitiva del símbolo robótico nacional surcoreano, podemos seguir visionando el pretérito y extenso catálogo de “aenimeisyeon”, al mismo tiempo que nuevas obras van ampliando los legajos de ésta inabarcable fábrica de sueños.


    Fuentes: Wikipedia.org / cineasiaonline.com
    Gracias a Eduard Terrades Vicens


    "El Arca Olvidada"

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    Y así llegamos ya a la que era la intención de esta extensa reseña, la presentación de una obra qe es casi totalmente desconocida por gran parte del público, y no precisamente por una mala distribución, pues la película que nos ocupa ha sido doblada en coreano, inglés y frances, (pais en el qe sí tuvo una buena acogida para ser un producto de venta directa en video doméstico) y de la qe aparentemente resulta imposible de encontrar en su versión inglesa, a día de hoy.
    Dicha película nació de un intento por mejorar la desafortunada adaptación de la saga de Square Enix, Final Fantasy, con su película Final Fantasy: La fuerza Interior.

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    La película, de título ARK, plantea el mismo esquema de fantasía épica, con ansias de crítica ecológica, y un plantel de personajes que recuerda en parte a la "desastrosa" película de Square. No obstante, al ser planteada como producto no comercial, la película "peca" en varios aspectos técnicos; si bien las expresiones faciales y el motion capture están bastante logrados, el acabado gráfico general de la película puede resultar algo pobre, pero sin duda atractivo en un primer visionado.
    Sin embargo, este lastre se ve compensado por una historia más profunda y con mayor ritmo que la de la película a la que pretendía mejorar, y un trabajo de diseño que nos hace pensar que todo el diseño conceptual desarrollado en su momento para FF:La Fuerza Interior, ha ido a parar a esta modesta producción (quienes hayan visto los extras de FF, sabrán a qué me refiero), amén de una edición de sonido excelente.

    http://i.imgur.com/Z5pJXPI.jpg" align="left" vspace="5" hspace="5">

    Una vez más, mi persona, empeñada en recuperar esas pequeñas joyas olvidadas pero qe merecen ser tenidas en cuenta, en un esfuerzo de recursos, les presentamos la película ARK subtitulada en español, con la colaboración desinteresada de Joana Mihaela Odinha, quién ha tenido la amabilidad de traducir los textos del subtítulo en rumano (una de las dos únicas versiones además del ruso, disponibles en la red), y escrito, editado y corregido por tania12 para vuestro disfrute.
    Esperamos que sea de vuestro agrado.



    ARK (2005)

    ("Click" en la imagen para ir a la película)



  2. Los siguientes 40 usuarios agradecen a tania12 por este tema:


  3. #2
    Colaborador Asia-Team Avatar de albano23
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    Hola a todos/as:

    Amiga tania12:

    Espero, que ese proyecto, salga, divino.- Además, es hora, ya sea con tus palabras o con las de otros/as, que el Aenimeisyeon, salte, de un pequeño grupo a las masas, el dibujo, es distinto, pero los guiones, son sencillamente sublimes, al menos, en los casos, que yo me he visto, envuelto.- La animación, no es sólo para niños/as, es para todo el mundo, sólo depende, del enfoque, que el autor, le quiera dar.- La diferencia, entre EEUU//Occidente, con ASÍA, es que estos últimos, tienen mayor variedad, y no se enfocan, sólo a superhéroes etc.... al menos en mi modesta opinión.-

    Fighting my friend.-

    Gracias Miles.-

    SALUDOS ALBANO23.-

    NO HAY FILME MALO SINO CRÍTICOS OBTUSOS

  4. #3
    Traductor Asia-Team Avatar de nattly
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    Gracias por la información, se nota en enorme trabajo que hay detrás...
    Nunca está de más el conocimiento, y eso me encanta...

    Saludos

  5. #4
    Cinturón Marrón Avatar de AndemaruM
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    sublime, gracias.

  6. #5
    Cinturón Marrón Avatar de NAZO
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    Acepto que no se nada de cine animado coreano. He oido y he leido muy poco sobre este tipo de peliculas, si alguien me recomienda algunas le estaré agradecido...

    Muchas gracias por el post, lo leeré...

  7. #6
    Moderador Avatar de Xtian
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    Predeterminado

    Por acá hemos visto Mari Iyagi (2002), Wonderful Days (2003) con una de las intro en moto mas recordadas por mi frágil memoria, Aachi and Ssipak (2006) una locura maxima, Yobi, the Five-Tailed Fox (2007). El fin de semana, The Satellite Girl and Milk Cow (2014), una peli de romance entre un Satelite espacial y una chico vaquita, mencion especial a Merlin xD. Todas disponibles en Asia-Team.

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