Capítulo V: Los recuerdos de Yoon Hee



Por: Gissi Rodríguez (carolyn)



Yoon Hee despertó aturdida y desesperada, sintiendo el aire escaso a su alrededor. Se vistió de prisa y salió rápidamente, iba descalza por los corredores y pasillos. Se detuvo ante la puerta de habitación de la pequeña Chae Rim y antes de entrar susurró una oración. Abrió la puerta lentamente y cayó de rodillas ante la cama de la niña, comenzó a llorar al verla dormir plácidamente. El color volvió a su rostro y su angustia disminuyó un poco. Se acercó con cautela y le besó el rostro, recordando la noche en que la dio a luz, en un parto perfecto, sin complicaciones y como la había acunado tiernamente entre sus brazos durante los días siguientes a su nacimiento. ¡Mi niña está a salvo! ¡Todo ha sido una pesadilla!

Sabía que la culpa por la muerte de la mujer Ninja sería algo que la acompañaría por el resto de sus días. Recordó con claridad el día del incendio, recordó el tejado vuando se resquebrajaba sobre ella y el Príncipe Jin Wook que la llevaba en la espalda, y recordó el momento en que la Ninja los había empujado para salvarlos. También el dolor que mostró el príncipe Jin Wook por la muerte de la guerrera,

Yoon Hee había quedado conmovida por el profundo sentimiento que invadió al espadachín en aquel momento. Recordó el momento en que la Ninja había sido enterrada en el Cementerio Real detrás del palacio, Yoon Hee iba allí cada año a colocar flores en el aniversario de su muerte. Por lo tanto Yoon Hee, entendió que su pesadilla había sido absurda. Era imposible que la mujer que estaba enterrada en la tumba que había visto en su sueño fuera la mujer Ninja. Y también era descabellado pensar que el guerrero fuera el príncipe Jin Wook, aunque no era tan absurdo suponer que entre él y la Ninja hubiera existido un romance en su juventud. Yoon Hee estaba un poco celosa de la valentía que la Ninja había mostrado y su lealtad para con el espadachín.

Yoon Hee tomó la decisión de averiguar quién era ese condenado guerrero de la daga y quién era la mujer enterrada en el bosque. Envió a la pequeña Chae Rim con Park Kyu, el anciano jefe del Gwansanggam, sabía que estaría en buenas manos hasta el regreso de In Sung. La reina se dirigió a su palacio, allí buscó la espada grabada con el sello imperial Ming, que había estado por tanto tiempo guardada y la empuñó con determinación, era el momento de volver a ser fuerte. Sabía que In Sung no la dejaría ir al bosque a averiguar nada, tendría que hacerlo en secreto y debía hacerlo antes del regreso de su esposo al palacio. Se vistió como una joven noble y salió a hurtadillas acompañada por una dama de la corte.

Se dirigió a las caballerizas y tomó el mejor caballo que encontró disponible, lo ensilló y se dirigió a las afueras de Hanyang, llegó al bosque antes del atardecer. Allí estuvo buscando un par de horas hasta que encontró el lugar que había visto en sus sueños: un promontorio elevado, que servía como tumba. Se acercó con curiosidad creciente y detalló el lugar, habían flores frescas, la vegetación estaba cuidada alrededor, y descubrió algo más que la dejó helada de pies a cabeza: un sello real de Joseon. Eso quería decir que la persona enterrada allí formaba parte de la realeza. Tomó el sello y lo escudriñó, descubrió asombrada que pertenecía a la esposa del príncipe Dae Hyun, la madre de In Sung que había muerto al intentar quitarle a su esposo la espada que el emperador Ming le había regalado al príncipe Seo. ¿Por qué no estaba enterrada en el Cementerio Real? ¿Por qué estaba enterrada en medio del bosque?

Eran muchas preguntas que agobiaban a Yoon Hee y en medio del caos mental que la embargaba, su memoria tomó vuelo y la llevó hasta su juventud, se vio a si misma a los pies del majestuoso árbol de cerezo en el antiguo Pabellón Blanco, sentada cómodamente leyendo un libro que esa tarde le había llevado In Sung, su corazón latía de prisa al recordar el rostro de In Sung, su perfección, su carisma, su nobleza, el traje que llevaba puesto aquel día que lo hacía ver tan elegante y la daga hermosa que llevaba al cuello. ¡La Daga! Yoon Hee despertó de su ensoñación, no podía creerlo. ¡La Daga que había visto en el cuello del guerrero en su sueño pertenecía a In Sung! ¡In Sung era el guerrero misterioso!

Yoon Hee sólo podía dar una explicación a todo eso, la madre de In Sung no había muerto como se relataba en los pergaminos oficiales, y posiblemente el rey Seo, el hombre al que por tantos años llamó padre, tendría algo que ver en todo eso. Yoon Hee debía admitir que durante el reinado de su padrastro, Joseon se había convertido en cuna de conspiraciones y traiciones. ¿Cuántos misterios y secretos había en la familia real? ¿Cuántas cosas ignoraba sobre el pasado de los padres de In Sung?

Estaba cansada de tantas intrigas y conspiraciones. Por primera vez se sintió completamente sola, desconsolada, ante un panorama desolador, el futuro se volvía incierto ante sus ojos. Oscureció de pronto y el bosque a su alrededor se volvió fantasmal, sintió un miedo sobrenatural, mientras intentaba a duras penas encontrar el camino de regreso al lugar donde había dejado el caballo. Mientras esquivaba la maleza y las ramas de los árboles, intentaba poner en orden sus pensamientos: ¿Tendría que ayudar a In Sung a vengar la muerte de su madre o tendría que luchar contra él para salvar a Joseon?

Sólo había una persona en la que podía confiar, el príncipe Jin Wook, debía encontrarlo a toda costa y pedirle consejo, seguramente él sabría cómo manejar esta peligrosa situación. El regreso del "Espadachín de Negro" era su única esperanza.

Continuará...





Nota: Esta historia tiene lugar durante la Era Joseon, bajo el reinado de un Rey ficticio. Todos los personajes y acontecimientos son imaginarios y no tienen base histórica.