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Tema: MES NEGRO: Detectives

  1. #1
    Moderador Avatar de sanfulgencio
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    A-T_1 MES NEGRO: Detectives




    PRIMER DETECTIVE DE LA HISTORIA

    Se suele decir que el escocés Allan Pinkerton fue, en la década de 1850, el fundador de la primera agencia de detectives de la historia, conocida como Agencia Pinkerton, pero lo cierto es que el misterioso Eugène François Vidocq se le adelantó algunos años. Desde su juventud, Vidocq se entregó a una vida delictiva de robos y estafas, hasta que en 1796, con 21 años, fue condenado a ocho años de trabajos forzados. Después de varios intentos fallidos, consigue darse a la fuga, aunque no pasa mucho tiempo antes de volver a ser capturado.

    Con la promesa de una amnistía, en 1809 Vidocq ofreció sus servicios a la policía de París como infiltrado. Así fue como empezó a trabajar como informador, comunicando a la policía lo que otros prisioneros hablaban entre ellos. Pasados 12 meses la propia policía preparó su fuga para que pudiera seguir desempeñando su trabajo fuera de la prisión. Ahí es cuando empieza la leyenda de l camaleónico Vidocq. En su papel de infiltrado, Vidocq tuvo que aprender a manejar el arte del disfraz y desempeñar muchas personalidades distintas. Tan bien lo hacía que en una ocasión una de sus personajes fue contratado para matarse a sí mismo. Sus métodos poco ortodoxos le valieron tanto admiradores como enemigos, estos últimos incluso entre los oficiales de policía.

    En 1832 Vidocq cae en desgracia y es obligado a abandonar la policía acusado de instigar un crimen. Al año siguiente fundó la primera agencia de detectives de la historia, la «Oficina de Inteligencia», donde llegó a tener a su cargo a varios detectives, algunos de los cuales también provenían del mundo del crimen. Años más tarde la policía arrestó a Vidocq como sospechoso de una detención ilegal y de haber robado los fondos en un caso de malversación que él mismo había resuelto. Fue condenado a cinco años de prisión y a una multa de 3.000 francos, pero apeló y consiguió ser absuelto.

    Ya en vida Vidocq adquirió una fama bastante notable tanto por lo peculiar de su carácter como por ser uno de los primeros investigadores privados cuando la literatura policíaca todavía estaba por nacer. Normalmente se afirma que Edgar Allan Poe inauguró el género publicando en 1841 Los crímenes de la calle Morgue, pero hay que decir que ya en 1828 Vidocq publicó con gran éxito sus memorias, que tenían mucho de policíaco. Pues bien, según el escritor Kay Cornelius es muy posible que Poe se inspirara en Vidocq para crear a C. Auguste Dupin, considerado el primer detective de la literatura.

    Sin embargo, la influencia de Vidocq en la literatura puede ir más allá. El polifacético detective, que contaba con unos cuantos amigos literatos, entre los que se destacaban Honoré de Balzac, Victor Hugo y Alejandro Dumas, resultó lo suficientemente jugoso como para convertirse en inspiración de muchos de ellos. Vidocq sirvió de base para varios personajes: Vautrin de la Comedia humana de Balzac, el inmortal Jean Valjean de Los Miserables de Victor Hugo ‒y también el inspector Javert de esta misma novela‒ y el agente Chacal en Los mohicanos de París de Alejandro Dumas.

    Además inspiró a Gaston Leroux y a Émile Gaboriau, concretamente a este último en su personaje del investigador Lecoq, que fue una de las fuentes que Conan Doyle utilizó para crear a su Sherlock Holmes. Es difícil encontrar un caso de un personaje histórico que haya dado pie a tanta cantidad de personajes literarios. De alguna manera podría decirse que todos los grandes detectives privados del siglo XIX son Vidocq.

    FUENTE: lapiedradesisifo



    DETECTIVE A LA JAPONESA


    Cuando Sherlock vestía kimono: presuntos culpables del amanecer del misterio japonés,
    Imagina un japonés. ¿Qué lleva en la mano?Apuesto a que, como yo, has pensado en una cámara de fotos, un móvil último modelo para cazar Pokemon a kilómetros o algún otro artilugio tecnológico.Pero no en un libro.
    Y, sin embargo, de acuerdo con la UNESCO, Japón es el país que más lee del mundo. El 91% de sus 125 millones de habitantes asegura hacerlo con frecuencia; nada menos que una media de 47 libros al año, frente a los cinco de España según el último informe del CIS. Y entre la gran cantidad de títulos editados cada año en el país donde nace el Sol (que es lo que significa Japón en japonés), las novelas de misterio se cuentan entre las más populares.

    Eso sí, al contrario que muchos de sus cachivaches, el crimen literario no es un invento japonés.Japón es el país con más lectores per cápita del mundo

    Aunque hay expertos que señalan precedentes tan ilustres y bizarros como Edipo, rey, se suele considerar a Edgar Allan Poe (1809-1849) como el padre del género. Los crímenes de la Rue Morgue , el primer (y soporífero) relato de su celebérrimo sabueso Auguste Dupin, salió de imprenta en Estados Unidos allá por 1841. No obstante, todavía debieron transcurrir varias décadas hasta que las primeras novelas de misterio vieran la luz, esta vez en Europa: El misterio de Notting Hill, de Charles Félix (pseudónimo tras el que, según las malas lenguas académicas, se ocultaba el editor Charles Warren Adams), publicada por entregas entre 1862 y 1863; El caso Lerouge, de Emile Gaboriau (homenajeada por Pierre Lemaitre en Irene); o la conocida y reconocida La piedra lunar, firmada por Wilkie Collins (pero que no recordaba haber escrito, por ir hasta las cejas de láudano), recogida en un solo tocho en 1868.

    Revolución Meiji

    Y fue precisamente en 1868 cuando se inicia la Restauración Meiji, movimiento que ponía fin a más de 250 años de aislamiento internacional japonés bajo el gobierno del clan Tokugawa. Tras la apertura de fronteras, la acomplejada sociedad nipona inició un rápido proceso de occidentalización en un intento por paliar su aparente retraso, imitando a Europa y América hasta en la sopa (algo irónico si tenemos en cuenta el “japonismo” que vivía la cultura europea de la época).

    Las biografías de criminales y las copias descaradas de textos occidentales dieron paso en 1926 a Hanshichi, el verdadero precursor

    Es así como a finales del siglo XIX surge una generación de juntaletras que trata de “modernizar” la literatura Made in Japan inspirándose en modelos extranjeros gracias a las primeras traducciones de las obras occidentales, entre las que, of course, se contaban las precursoras de la ficción detectivesca (conocida en aquellos andurriales como tantei shosetsu) por verla como fiel reflejo del progreso al que aspiraban (no olvidemos que, por aquel entonces, en el género lo que se llevaba eran los superdetectives que todo lo sabían y/o deducían por métodos supuestamente científicos).

    Entre los pioneros en la traducción de los clásicos del misterio destaca por méritos propios Kuroiwa Ruiko (1862 -1920), que aprovechándose de que por entonces no existían derechos internacionales de autor (y por tanto, tampoco la SGAE), fusiló sin contemplaciones multitud de novelas anglosajonas y francesas, que publicaba serializadas en su periódico Yorozu choho (algo así como Informe matinal para las masas), pero con tantas licencias (cambiaba nombres, localizaciones y hasta fragmentos completos) que sería más justo hablar de adaptaciones.

    Estos textos, que no llegaron al lejano Oriente hasta la década de 1880 (uno de los primeros fue el antes citado pestiño de la Rue Morgue en 1887), poseían una estructura nunca vista en el país del Sol Muriente, ya que narraban la historia del crimen y la posterior investigación que trataba de esclarecerlo. A resultas de ello, los primeros criminales literarios japoneses que aterrizaron en librerías y kioscos (puesto que la mayor parte de la producción previa a la Segunda Guerra Mundial apareció en periódicos y revistas) eran plenamente conscientes de estar cultivando un género “importado” (para más inri, de una cultura que consideraban superior a la suya), por lo que imitaron a sus sensei gaijin (equivalente nipón al más castizo término guiri) incorporando algunas particularidades de su particularísima idiosincrasia.

    Así y todo, cualquier estudioso del tema sacaría su katana a relucir si afirmamos tajantemente que hasta entonces no había literatura criminal en Japón.

    El éxito de las biografías criminales

    Durante el período Edo (1603-1868) nació una tradición de “narraciones judiciales”, como Los juicios a la sombra del cerezo, publicado en 1689 por Ihara Saikaku (título traducido por mí a partir del estupendo ensayo en inglés de Mark Silver sobre los orígenes de la novela negra japonesa). Estos relatos, sin embargo, se centraban en el proceso por el que su señoría averiguaba los hechos (normalmente, mediante confesión del culpable) que ya le habían sido revelados al lector más que en descubrir la identidad del culpable; se trataba principalmente de hacer apología del supuestamente infalible —y sobre todo corrupto— sistema legal Tokugawa, algo más que comprensible si tenemos en cuenta el autoritarismo del régimen.

    Otro antecedente detectivesco que proliferó durante los albores de la era Meiji y el subsiguiente boom de la prensa sensacionalista fue el de las biografías criminales, particularmente de mujeres asesinas como Takahashi Oden, decapitada en 1879 por apuñalar y robar (presuntamente, claro) a un vendedor de kimonos usados. Estas biografías fueron muy innovadoras, ya que solían incluir documentos judiciales que habrían permanecido bajo el secreto del sumario durante la era Tokugawa, pero en ningún momento trataban de ocultar la identidad del criminal sobre el que versaban (en una suerte de “crónica de una condena anunciada”).

    Pero no fue hasta 1916, cuando entra en escena Hanshichi, el primer investigador literario japonés. Este Sherlock Holmes de la era Edo, como lo define su creador Okamoto Kido (1872-1939) al final de su primera aparición, tiene más de retrato nostálgico del Japón de sus ancestros (su padre era un antiguo samurái reconvertido en trabajador de la embajada británica, donde Okamoto aprendería el idioma que le permitió leer los textos originales de Conan Doyle) que del megaconocido archienemigo del profesor Moriarti. A lo largo de los 68 relatos que constituyen esta popularísima serie, 20 de los cuáles han sido primorosamente recopilados en nuestro país por Quaterni en los volúmenes Hanshichi, un detective en el Japón de los samuráis (2012) y Las nuevas aventuras de Hanshichi (2014), donde descubriremos las más que curiosas costumbres, creencias y supersticiones del período Tokugawa.

    Y es que, frente al vasto conocimiento científico del que hacía gala el detective consultor de Baker Street, Hanshichi se sirve del saber sobre Japón y sus gentes para intuir más que deducir la resolución de sus intrincados casos.

    En resumen, se trata de una serie de cuentos que, pese a su clasicismo estructural, ya que siguen a pies juntillas el patrón del Whodunit, serán de sumo interés para cualquier lector —aficionado o no al género— que quiera viajar al país del Sol Naciente antes de su occidentalización, cuando Sherlock vestía kimono.

    Desde que, a finales del s. XIX, la Restauración Meiji pusiera fin a casi tres siglos de feudalismo y cierre de fronteras bajo el yugo de la dinastía Tokugawa, Japón y su cultura han despertado siempre una gran fascinación en Occidente.

    Los samuráis, las katana, las geisha, los ninja, la caligrafía, la pintura, la poesía… forman parte del imaginario colectivo del mismo modo que, nos guste o no, los toreros, las sevillanas y probablemente la Macarena.


    Sin embargo, si dejamos a un lado al omnipresente Haruki Murakami, al singular Mishima y quizás a los premios Nobel Katsuhiro Kawabata y Kenzaburo Oé, la literatura japonesa sigue siendo una gran desconocida. Y, dentro de ella, la literatura criminal constituye un misterio aún mayor para los muchos aficionados occidentales a este género.

    Las traducciones de los criminales literarios de Extremo Oriente llegan a nuestras estanterías con cuentagotas,


    y en la mayoría de los casos, a pequeñas editoriales especializadas en literatura asiática en general, por lo que, por desgracia, sus obras no llegan a disfrutar de la atención mediática y el éxito comercial que merecen en algunos casos.




    En el inicio de todo, cómo no, nos remontarnos a los orígenes, a los dos grandes padres del misterio japonés: Okamoto Kido y Edogawa Rampo. Después les llegará el turno a dos figuras cruciales: Seishi Yokomizo y Seicho Matsumoto, culpables de “japonizar” el género y consolidarlo tras la Segunda Guerra Mundial.

    A continuación tenemos a otra imprescindible, Masako Togawa, primera escritora feminista del noir japonés…, pero no la última. Tras ella vinieron Natsuo Kirino y Myyuki Miyabe, dos de las voces más críticas con la situación de la mujer en el Japón actual.



    Les seguirán los dos grandes renovadores del misterio más ortodoxo, Hiro Akagawa y Keigo Higashino; de lo más grotesco, Ryu Murakami, y el intimista Fuminori Nakamura.

    Sí, lo sé. En este preciso instante, todos estos nombres son poco más que palabras impronunciables para ti.

    Pero, mes a mes, libro a libro, podrás descubrir una forma tan diferente de afrontar la literatura criminal como lo es un torero de un samurái.
    Así que, ¿te vienes al país del Sol Muriente con nosotros?

    FUENTE: Sergio Vera (El Pais)



  2. Los siguientes 39 usuarios agradecen a sanfulgencio por este tema:


  3. #2
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    Predeterminado

    Hola a todos/as:

    Un artículazo, de primera maese sanfulgencio, que voy a reelerme muchas veces y que seguramente, me ayude, en muchas de mis impresiones. Voy a disfrutar mucho con este especial. Ya estoy esperando a ver, todas esas delicatessen, que podré visionar, como la mayoría de los usuarios de AT.-

    Gracias Miles.-

    SALUDOS ALBANO23.-

    NO HAY FILME MALO SINO CRÍTICOS OBTUSOS

  4. #3
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    Ranpo Edogawa

    Taro Hirai, nombre real de Ranpo Edogawa, nació en Nabari, prefectura de Mie en 1894, siendo su abuelo un samurái al servicio del Dominio Tsu. Su familia se trasladó a la que hoy es Kemayama, y de allí a Nagoya cuando tenia tan solo dos años. En 1912 entraría en la Universidad de Waseba para estudiar Económicas, terminando en 1916. En sus primeros pasos en el mundo laboral trabajó desde la publicación de periódicos hasta dibujante para revistas, pasando por vendedor ambulante de fideos soba y dependiente en una librería de segunda mano.

    En 1923 hizo su debut literario con la historia de misterio “La moneda de cobre de dos yens” (二銭銅貨 Ni-sen dōka) bajo el nombre de “Edogawa Ranpo” (Pronunciado rápidamente, este seudónimo suena como el nombre del conocido escritor estadounidense de terror cósmico Edgar Alan Poe, al que admiraba profundamente). El relato fue publicado en la revista Shin Seinen, muy popular entre el público adolescente. Shin Seinen había publicado muchas historias de autores occidentales como Poe, Arthur Conan Doyle, y G. K. Chesterton, pero esta fue la primera vez que la revista editaba una pieza importante de misterio de un autor japonés. Algunos, como James B. Harris (primer traductor de Edogawa al inglés) han calificado erróneamente esta como la primera pieza de misterio en la ficción japonesa, pero mucho antes de que Ranpo entrara en la escena literaria en 1923, muchos otros autores modernos japoneses como Ruikō Kuroiwa, Kidō Okamoto, Jun’ichirō Tanizaki, Haruo Satō y Kaita Murayama habían incorporado elementos detectivescos, de misterio y crimen dentro de historias de aventura e intriga, añadiendo lo grotesco y lo extraño. Lo que llamó la atención de los críticos en “La moneda de cobre de dos yens” fue que se centraba en el proceso deductivo de resolver un misterio dentro de una historia estrechamente ligada a la cultura japonesa. La historia incluye una extensa descripción de un ingenioso código basado en un encantamiento budista llamado “nenbutsu”, algo así como el lenguaje Braille japonés.

    En los siguiente años Edogawa continuó escribiendo historias que se centraban en crímenes y el proceso deductivo para resolverlos. Entre estas hay algunas que se consideran clásicos de la literatura popular japonesa del siglo 20: “El caso del asesinato en D. Hill” (D坂の殺人事件 D-zaka no satsujin jiken, Enero 1925), que trata de una mujer que es asesinada en el trascurso de una relación extramatrimonial sadomasoquista, “El acechador en el ático” (屋根裏の散歩者 Yane-ura no Sanposha, Agosto 1925), en donde un hombre mata a su vecino en una pensión de Tokyo dejando caer veneno en su boca a través del suelo del ático, y “La silla humana” (人間椅子 Ningen Isu, Octubre 1925), sobre un hombre que se esconde dentro de una silla para sentir los cuerpos de otras personas sobre él. Espejos, lentes y otros dispositivos ópticos aparecen en muchas de las obras tempranas de Edogawa, tales como “El infierno de los espejos”.

    Ya en la década de 1930 el escritor va dejando un poco de lado las novelas de detectives anteriores y va incorporando elementos dentro del conocido como “ero guro nansensu”, composición realizada a partir de tres palabras “erótico, grotesco y absurdo”. La presencia de estos elementos le ayudó a acercarse más al público, ávido de leer sus trabajos. En estas historias es normal encontrar lo que en japonés se denominó en un primer momento “sexualidad anormal” (変態性欲 hentai seiyoku). Por ejemplo, una parte importante de la trama de la novela “El Demonio de la isla solitaria” (孤島の鬼 Kotō no oni), serializada desde enero de 1929 hasta febrero de 1930 en la revista Morning Sun, implica un médico homosexual y su obsesión por otro de los personajes principales.


    Avanzando la década de 1930, Edogawa escribía regularmente para las mayores revistas de literatura popular, y se convirtió en la mayor personalidad de la literatura de misterio del país. El detective Kogoro Akechi, que había aparecido por primera vez en “El caso del asesinato en D. Hill”, se convirtió en un elemento habitual en sus relatos, algunos de los cuales lo enfrentaban a un villano conocido como el Demonio de las Veinte Caras (怪人二十面相 Kaijin ni-jū mensō), que tenía una enorme habilidad para disfrazarse y pasar desapercibido. Novelas de 1930 introdujeron al adolescente Kobayashi (小林少年) como compañero de Kogoro, y después de la Segunda Guerra Mundial, Edogawa escribiría una serie de novelas juveniles con Kogoro y Kobayashi como líderes de un grupo de jóvenes sabuesos llamados “Boy Detectives Club” (少年探偵団 Shōnen tantei dan). Estas novelas se hicieron muy populares y aún hoy muchos adolescentes japoneses las leen.

    En 1939, dos años después del Incidente del Puente de Marco Polo y el estallido de la Segunda Guerra Sino-japonesa en 1937, los censores gubernamentales ordenaron a Edogawa que eliminase su relato “The Caterpillar” (芋虫), que había publicado años antes sin incidentes, de una colección de cuentos que estaba reeditando Shun’yodo. “The Caterpillar” nos muestra a un veterano de guerra tan desfigurado que es poco más que una oruga, sin poder hablar, moverse o vivir por si mismo. Los censores prohibieron esta historia, creyendo que no era adecuada en actual ambiente bélico. Este fue un duro golpe para Ranpo, que confiaba en los ingresos en roylaties de esta reimpresión.

    En el trascurso de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo durante las hostilidades totales entre Japón y los EEUU que comenzaron en 1941, Edogawa fue muy activo como patriota local mediante diversas organizaciones, y escribió una serie de relatos sobre jóvenes detectives y crímenes que podían ser vistos en la línea del esfuerzo bélico, pero casi todos ellos los escribió con diferentes seudónimos, como queriendo disociarlos de su legado. En febrero de 1945, su familia fue evacuada de su hogar en Ikebukuro, Tokyo, a Fukushima, en el norte de Japón. Edogawa se quedó hasta Junio, cuando ya sufría de desnutrición. Gran parte de Ikebukuro fue destruida en los ataques aéreos aliados y los posteriores incendios que estallaron en la ciudad, pero, milagrosamente, el almacén semi-enterrado que utilizaba como su estudio se salvó, y todavía se mantiene hoy día junto al campus de la Universidad de Rikkyo.


    Durante la posguerra, Edogawa dedico la mayor parte de su esfuerzo a promocionar el misterio de ficción, tanto en términos de recuperar su valor histórico, como en fomentar el nuevo misterio en la literatura. En 1946 apoyó una nueva publicación llamada Jewels (宝石 Hōseki), dedicada a la novela de misterio, y en 1947 fundó el Detective Author’s Club (探偵作家クラブ Tantei sakka kurabu), que en 1963 cambió su nombre por el de Mystery Writers of Japan (日本推理作家協会 Nihon Suiri Sakka Kyōkai). Además escribió un gran número de artículos sobre la historia de la ficción de misterio tanto en Japón como en Europa y Estados Unidos. Aparte de ensayos, la mayor parte de su producción de posguerra se centro en novelas juveniles del detective Kogoro Akechi y el Boy Detectives Club.

    En la década de 1950, él y un traductor bilingüe trabajaron durante cinco años para trascribir parte de su obra al Inglés, así se publicó “Japanese Tales of Mystery and Imagination” (Que puede encontrarse actualmente en España en varias ediciones, una de ellas ilustrada). El traductor podía hablar, pero no leer japonés, y Edogawa podía leer pero no escribir Inglés. Edogawa leía cada oración en voz alta, luego comprobaba la traducción al Inglés.

    Otro de sus intereses durante las décadas de 1940 y 1950 fue poner en valor el trabajo de su amigo Jun’ichi Iwata (1900–1945), un antropólogo que había pasado muchos años investigando la historia de la homosexualidad en Japón. Durante la década de 1930, Edogawa e Iwata habían participado en una simpática competición para ver quién podía encontrar la mayor cantidad de libros sobre el deseo erótico entre hombres. Edogawa se dedicó a la búsqueda de libros publicados en Occidente e Iwata lo hizo con libros que tienen que ver con Japón. Iwata murió en 1945, con sólo una parte de su obra publicada, por lo que Edogawa luchó para que el trabajo restante viera la luz.

    Un gran número de libros del escritor se han adaptado a la gran pantalla, y el interés en la literatura de Edogawa como punto de partida para la creación cinematográfica ha continuado mucho después de su muerte. Sobre todo el detective Kogoro Akechi cobraría vida tanto en cine como en televisión en numerosas ocasiones, siendo una de las primeras la adaptación del relato “The Pirate-Knife Murderer”, realizada por la Daiei en 1946. De la misma productora es “Maiden in the Ice Chamber”, basada en la historia de Edogawa “The Vampire” (Kyuketsuki), también con Kogoro Akechi como protagonista (Los estudios Shochiku volverían a adaptar este relato para televisión). Otra adaptación de Daiei sería “The Spider Man” (Kumo Otoko, 1958), dirigida por Hiroyuki Yamamoto y donde la estrella de la Toho Susumu Fujita encarnaría al famoso detective.


    Entre 1954 y 1959 los estudios Toei realizarían una serie de trece películas basadas en las aventuras del “Boy Detectives Club”, donde un Kogoro ya anciano dirigía al conocido grupo de jóvenes sabuesos. La popularidad de las novelas y las películas le han valido numerosas adaptaciones en forma de series de televisión, la primera de ellas en la década de 1960 y que estuvo compuesta por unos 152 episodios, teniendo como villano al más popular de la serie de novelas, el Demonio de las Veinte Caras. (En 1970 se produjo un famoso incidente donde un grupo terrorista extorsiono a una corporación envenenando sus productos, produciendo varias muertes, haciéndose llamar “Demonio de las Veinte Caras”). En 1962 el director Inoue Umetsugu adapta para la Daiei “The Black Lizard” (Kuro Tokage), dándole una orientación musical al conjunto. En 1968 Kinji Fukasaku sería el encargado de volver a adaptar esta novela del detective Kogoro Akechi, eliminado el musical e introduciendo un toque de comedia.

    Ya en 1969 el director Teruo Ishii, maestro del “ero-guro” (erótico-grotesco) cinematográfico, dio vida a “Horror of the Malformed Men” (Kyofu-no Kikai-Ningen). La película adapta varios relatos cortos de Edogawa, principalmente “Panoramajima Kidan”. Debido a lo polémico de la película, que salta de las imágenes perturbadoras y excéntricas o el terror impactante al humor morboso, su lanzamiento en soporte doméstico se ha retrasado en numerosas ocasiones, y estuvo vetada durante mucho tiempo. Todos estos elementos han hecho de “Horror of the Malformed Men” una película de culto a nivel internacional. Ishii, fan de Edogawa desde que era un niño, recurriría al trabajo del escritor en varias ocasiones durante su carrera, destacando quizás su adaptación de “Blind Beast vs. Dwarf” (盲獣vs一寸法師 Mōjū tai Issunbōshi, 2001), la última película que dirigió antes de su muerte.

    Durante la década de 1970 hubo una especie de Boom en las adaptaciones del director, haciendo la Shochiku numerosas películas para televisión basadas en el detective Akechi, muchas de ellas protagonizadas por Shigeru Amachi. Desde entonces hasta nuestros días han sido muchas las obras del director que se han visto la luz como películas o que han inspirado guiones en diferentes formatos. Ya sean colecciones de historias cortas como “Rampo” (らんぽ Ranpo) en 1994 y “Rampo Noir” (乱歩地獄 Ranpo jigoku) en 2005, o adaptaciones más libres como “Gemini” (Sōseiji, 1999) del conocido director Shinja Tsukamoto. Pero quizás la más notable sea una de las más recientes, nos referimos a la adaptación de “Caterpillar” que el director japonés Koji Wakamatsu realizó en 2010 y que compitió por el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín, ganando su protagonista femenina, Shinobu Terajima, el premio a mejor actriz.


    Pero Ranpo Edogawa no vivió para ver la mayoría de estos acercamientos cinematográficos a su obra. Sufriendo varias dolencias, incluyendo arteriosclerosis y Parkinson, moriría de una hemorragia cerebral en su casa en 1965. Su tumba se encuentra en el cementerio de Tama, en Fuchu, cerca de Tokyo.

    FUENTE: Asiateca


    Adaptaciones de las Obras de Edogawa Rampo

    Últimamente he tenido una especie de obsesión temporal con Rampo, lo que supongo que es una razón tan buena como otra cualquiera para confeccionar esta lista.

    Tomado de Kurodahan Press: "Edogawa Rampo (pseudónimo de Hirai Tarō, 1894–1965) es el reconocido gran maestro de la época dorada de la novela japonesa de crimen y misterio. En sus primeros tiempos fue el creador de la novela de misterio gótica japonesa, inspirándose en la obra de Edgar Allan Poe y otros escritores relacionados del s. XIX, pero dándole una forma claramente japonesa.

    "Dicha etapa de su carrera coincidió con una época de gran florecimiento de la literatura y la cultura japonesa, en la que la prensa popular, relativamente libre y desinhibida, fue uno de los rasgos definitorios de los nuevos tiempos. En este contexto, la oscura perspectiva de Rampo y su gusto por lo grotesco y extravagante encontró ávidos lectores y ejerció una profunda influencia sobre otros escritores. Pero la moral del pueblo se fue volviendo austera en los años que condujeron a las guerras de Japón en Asia y en el Pacífico, y la censura fue muy intransigente durante los años de guerra. La obra primeriza de Rampo pasó de moda, y él optó por dedicarse a escribir relatos de aventuras protagonizadas por detectives.

    "Después de la guerra se consagró a la literatura juvenil y a desarrollar la Asociación de Escritores de Misterio de Japón. El premio Edogawa Rampo, originalmente patrocinado por el propio Rampo, se otorga anualmente a la mejor obra de misterio del año. Es el premio más importante de su clase en Japón.

    "Edogawa Rampo —cuyo nombre está pensado como un juego de palabras en directa referencia a Edgar Allan Poe— sigue siendo muy popular e influyente en Japón. Sus obras siguen imprimiéndose en ediciones diversas, y sus relatos han ofrecido materia a una corriente ininterrumpida de adaptaciones en el cine, la televisión y el teatro."

    FUENTE: Chuck Williamson (letterboxd)
    Traducción gracias al compañero subeteronomio


    Películas basadas en sus Obras
    1. Black Lizard / Kurotokage (1962)
    2. Black Lizard / Kurotokage (1968)
    3. Blind Beast (1969)
    4. Horrors of Malformed Men (1969)
    5. Watcher in the Attic (1976)
    6. Beast in the Shadows (1977)
    7. A Watcher in the Attic /Yaneura no sanposha (1993)
    8. The Mystery of Rampo (1995)
    9. Murder on D Street (1988)
    10. Gemini (1999)
    11. Blind Beast Vs Killer Dwarf (2001)
    12. Rampo Noir (2005)
    13. Inju, The Beast in the Shadow (2008)
    14. Lost Love Murder (2010)
    15. Caterpillar (2010)

  5. Los siguientes 17 usuarios agradecen a sanfulgencio por este tema:


  6. #4
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    Seishi Yokomizo


    Seishi Yokomizo, el rey de la novela negra japonesa
    Señoras y señores, lectoras y lectores, preparen sus petates, nos vamos con Mambrú.

    Porque ahí donde los veis, tan pudorosos y educados ellos, los japos son guerreros. De hecho, pasaron siglos luchando entre ellos, a katanazo limpio, hasta que Yeyasu Tokugawa venció en la batalla de Sekigahara (1600), tras la que comenzó la era Tokugawa de la que ya hablamos al principio de esta frikad…. Digo esta sección.

    Así que, para recuperar el tiempo perdido, cuando Japón abrió sus fronteras de nuevo a finales del siglo XIX, en apenas cincuenta años, el país del Sol Naciente se metió en un par de fregados. Nada, poca cosa, solo una guerra contra los chinos (entre 1894 y 1895) y otra contra los rusos (1904 –1905). Y mira tú por dónde, los japos se salieron con la suya. Y claro, se vinieron arriba.
    Por eso, en 1937 volvieron a invadir Manchuria, comenzando la Segunda Guerra chinojaponesa, que pronto se diluyó en la Segunda Guerra mundial. Y no contentos con eso, en 1941 atacaron Pearl Harbour, para que los yanquis se unieran a la fiesta. Mas, ya lo dice el refrán, tanto fue el cántaro a la fuente…. Que a la tercera fue la vencida, y esta vez los samuráis tuvieron que envainársela (la katana, digo), después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en …

    Perdona que interrumpa, ¿pero esto no iba de novela negra?

    A eso voy, a eso voy. Porque después del paréntesis de la Segunda Guerra Mundial, en que ya dijimos que se prohibió la ficción detectivesca, esta resurgió de sus cenizas con nuevo nombre, suiri shosetsu (ficción de razonamiento deductivo) y renovado brío.

    En la generación de postguerra, destacaron directores como el conocido Akira Kurosawa (que estrenó las películas de cine negro El Ángel ebrio en 1948 y Perro rabioso en 1949) y escritores como Futaro Yamada (del que no nos ha llegado ninguna obra de misterio traducida, pero sí la estupenda Los ninjas de koga y su código secreto (Quaterni, 2012) que aprovecho para recomendar a los fanáticos de Naruto y Ninja scroll).

    Aunque si hubiera que señalar un único culpable del renacimiento del género, ese sería, sin duda, Seishi Yokomizo, el gran maestro nipón del Whoudonit.

    Seishi Yokomizo nació en Kobe en 1902. Desde pequeñajo, fue un gran aficionado al género, en el que debutó en 1921 por la puerta grande, ganando un premio de relato. Por eso, aunque estudió Farmacia en la Universidad de Osaka para hacerse cargo del negocio familiar, en 1926 cogió los bártulos y se trasladó a Tokio, azuzado por su amigo y mentor Edogawa Ranpo, para tratar de hacer realidad sus pretensiones literarias.

    En la capital, durante años se ganó el pan (de gambas) como editor de revistas de ficción detectivesca, hasta que decidió liarse la manta a la cabeza para dedicarse profesionalmente a la escritura. Pero su primera obra, una novela policíaca de ambientación histórica titulada Oni-bi (1935), fue parcialmente censurada. Mejor suerte, corrió su segunda intentona, Ninngyo Sashichi torimonocho, que publicó entre 1938 y 1939, con notable éxito…pero entonces comenzó el conflicto.

    El detective tartamudo

    Yokomizo, compañero de fatigas tuberculosas de Dashiell Hammett, se vio forzado a permanecer en Yokohama durante la contienda sin poder publicar una sola línea y pasando más hambre que los pavos de Manolo (que sabe Dios de dónde eran, pero por lo que dicen, debían picar poco entre horas). Asegura la Wikipedia (y por una vez, me hago eco de sus palabras, porque ciertas o no, tienen su gracia) que durante este período, ironizaba que “la tuberculosis y el hambre estaban echando una carrera para ver quien acababa antes con su vida”.

    Y tras la rendición incondicional del país, Yokomizo dio a imprenta un ensayo titulado Ficción detectivesca y guerra (1946), en el que achacaba que los japoneses habían llegado a esa desastrosa situación, por no haber leído suficiente literatura de misterio. Y es que, de haberlo hecho, según él, tendrían el hábito de observar de manera lógica y de explorar las cosas en profundidad y no se hubieran metido en ese lío.

    Ese mismo año, edita por entregas El caso de los asesinatos Honjin, un enigma de cuarto cerrado ambientado en 1937, donde presentaba al personaje que le haría saltar a la fama: Kosuke Kindaichi, un detective privado tartamudo, desastrado y con la manía de rascarse la cabeza, que tras su excéntrica apariencia ocultaba unas prodigiosas dotes deductivas.

    De las numerosas historias del investigador, a España solo han llegado dos, recientemente: La isla de las puertas del infierno (Quaterni, 2015) y El clan Inugami (La Factoría de Ideas, 2009).

    Las aventuras del personaje se inspiraban en obras de John Dickson Carr (del que Yokomizo se declaraba fan number one) y otros autores clásicos de la era dorada, a los que el japonés imitaba y homenajeaba explícitamente. Y al igual que sus modelos, las novelas de Kindaichi eran juegos intelectuales sin aspiraciones literarias (crucitramas, que diría Javier Coma), situadas principalmente en ambientes rurales y aristocráticos, repletos de personajes funcionales, sin apenas desarrollo psicológico.

    La isla de las puertas del infierno, se publicó por entregas entre 1947 y 1948. Fue la segunda novela de la serie, pero la primera en ubicarse tras la contienda. De hecho, se inicia recién terminada la Guerra, con Kosuke llegando a la remota isla japonesa que da título a la novela, para intentar proteger a las hermanas de un compañero de armas caído en combate.

    Aunque, pese a los desvelos de nuestro protagonista, como no podía ser de otra forma, pronto empezarán a ocurrir extraños asesinatos. Unos retorcidos crímenes inspirados en un conocido haiku (poesía nipona de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, con motivos naturales), en un intento por japoneizar Nursery rhyme murders como Diez negritos, y que fue llevada a la gran pantalla.

    A mi juicio, una novela enigma como tantas otras, pero considerada en dos ocasiones la mejor del siglo XX según una encuesta realizada por más de 500 lectores y escritores de misterio japoneses (en 1985 y 2012), así que, vete tú a saber. Mejor lean y juzguen por sí mismos.

    Más recomendable en mi opinión (pero también más difícil de encontrar) es El clan Inugami, que originalmente apareció serializada a principios de los 50.

    En esta ocasión, Kindaichi será requerido para investigar los macabros asesinatos que se suceden tras hacerse público el incomprensible testamento de un acaudalado hombre de negocios. - Otro misterio de manual, pero con más ritmo, fair play y por tanto más logrado que su antecesor, que también fue adaptada al cine.

    Escritor muy prolífico y ¿crítico?

    Estas obras solo son una pequeña muestra del trabajo del prolífico Yokomizo, que publicó más de 600 relatos y novelas, de gran éxito durante los años 40 y 50. Tras pasar de moda durante los sesenta (que como veremos en el siguiente artículo, estuvieron dominados por la escuela social de Seicho Matsumoto), el llamado “boom Yokomizo” de los 70 llevó al escritor a retomar al personaje y al renacimiento del misterio ortodoxo (honkaku).

    Seishi Yokomizo falleció en 1981, aunque desde un año antes se concede el premio que lleva su nombre, que con 10 millones de yenes, constituye uno de los mejor dotados del mundo.

    Así pues, vemos como a pesar de seguir adoptando y adaptando modelos extranjeros, la obra de Yokomizo fue fundamental para el desarrollo del género en Japón. De hecho, pese al tiempo transcurrido, Kosuke Kindaichi sigue siendo el detective privado más célebre del país del Sol Muriente. Y hay incluso estudiosos como Nakagawa que defienden que sus libros no son simples divertimentos, sino que encierran cierta crítica a la cultura patriarcal y el sistema político tradicional nipón.

    Sea como fuere, es tal la relevancia de la serie Kindaichi en Japón, que resulta innegable que Seishi Yokomizo es mucho más que el gran senshei nipón del quién lo hizo.

    FUENTE: SERGIO VERA (El Pais)




    Películas basadas en sus Obras
    • Sanbon yubi no otoko (1947)
    • Gokumon-jima - Kaimei-hen (1949)
    • Gokumon-jima (1949)
    • Yatsuhaka-mura (1951)
    • Dokuja-tô kidan: Joôbachi (1952)
    • Akuma ga kitarite fue o fuku (1954)
    • Inugami-ke no nazo: Akuma wa odoru (1954)
    • Yurei otoko (1954)
    • Mitsu-kubi-tou (1956)
    • Ningyô Sashichi torimonochô: Yôen roku shibijin (1956)
    • Kyûketsu-ga (1956)
    • The Woman in the Bag (1957)
    • The Abandoned Diamond (1957)
    • The Window of the Third Floor (1957)
    • The Midnight Client (1957)
    • The Muddy Face (1957)
    • Ningyô Sashichi torimonochô: Ôedo Ushimitsudoki (1957)
    • Akuma no temari-uta (1961)
    • Inugami-ke no ichizoku (1976)
    • Honjin satsujin jiken (1976)
    • Yatsuhaka-mura (1977)
    • Gokumon-to (1977)
    • Akuma no temari-uta (1977)
    • Queen Bee /Joôbachi (1978)
    • The Adventures of Kosuke Kindaichi / Kindaichi Kosuke no boken (1979)
    • The House of Hanging /Byoinzaka no kubikukuri no ie (1979)
    • Akuma ga kitarite fue o fuku (1979)
    • Akuryo-To (1981)
    • Kura no naka (1981)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 1: Honjin Satsujin Jiken (TV Movie) (1983)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 2: Miira no hanayome (TV Movie) (1983)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 3: Gokumoniwa no kubi (TV Movie) (1984)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 4: Kiri no sansô (TV Movie) (1985)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 5: Shikamen (TV Movie) (1986)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 6: Kôsui shinjû (TV Movie) (1987)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 8: Satsujinki (TV Movie) (1988)
    • Fushichô: Kindaichi Kôsuke no kessaku suiri (TV Movie) (1988)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 10: Bara oh (TV Movie) (1989)
    • Shinigami no ya: Kindaichi Kôsuke no kessaku suiri (TV Movie) (1989)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 11: Akuma no temariuta (TV Movie) (1990)
    • Yatsuhaka-mura: Kindaichi Kôsuke no kessaku suiri (TV Movie) (1991)
    • Meitantei Kindaichi Kôsuke Series 12: Majo no senritsu (TV Movie) (1991)
    • Kataoka Tsurutarô no Kindaichi Kôsuke shirîzu: Honjin satsujin-jiken (TV Movie) (1992)
    • Village of the Eight Tombs / Yatsuhaka-mura (1996)
    • Kindaichi shônen no jiken bo (TV Series) (1997)
    • Kindaichi Kôsuke shirîzu: Hakurô no shibijin (TV Movie) 21004)
    • Joôbachi (TV Movie) (2006)
    • Inugami-ke no ichizoku (2006)
    • Akuma ga kitarite fue wo fuku (TV Movie) (2007)
    • Gokumontô (TV Movie) (2016)

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    Seicho Matsumoto


    Matsumoto, padre de la literatura proletaria y criminal en Japón
    ¿Os suena el milagro japonés?

    No, no es la multiplicación de los panes y los pokémon. Tampoco la (enésima) resurrección de Son Goku, sino el fulgurante crecimiento económico que experimentó el país del Sol Naciente (que algunos cifran en torno al 10% del PIB anual) entre la segunda mitad de los cincuenta y principios de los setenta y que hizo posible que, tras salir devastado de la Segunda Guerra Mundial, Japón se convirtiera en una superpotencia en pocas décadas.

    Un milagro ultracapitalista auspiciado por Estados Unidos, que provocó que la cuna del bushido (el férreo código de honor samurái) sucumbiera ante la corrupción política y el abuso de poder.

    Igualito que aquí, pero sin crisis.

    Y el mejor cronista del lado oscuro de ese milagro fue Seicho Matsumoto, el fundador de la llamada Escuela social, la primera corriente netamente nipona en la Historia del país del Sol Muriente.

    Prolífico superventas

    Kiyoharu Matsumoto, verdadero nombre del interfecto, nació en una familia muy humilde de Kokura, allá por 1909. Tan humildes eran, que el real y figuradamente pobre Seicho tuvo que ponerse a trabajar a los 15 años. Pese a verse forzado a abandonar los estudios a tan temprana edad, Matsumoto fue un gran autodidacta y mostró interés por la literatura proletaria de los años veinte y treinta, que denunciaba las duras condiciones laborales de la clase trabajadora, en un intento por mejorar su situación. Un movimiento duramente perseguido por las autoridades policiales de la época, que incluso encarcelaron a Matsumoto durante tres semanas cuando solo contaba 20 años.

    Tras multitud de oficios y mil y un penurias, Matsumoto debutó como escritor en 1950, con un relato de misterio que resultó tercero en un certamen. Por aquel entonces, el bueno de Seicho trabajaba en correos, y no se dedicaría profesionalmente a la escritura hasta unos años después.

    Fue un autor sumamente prolífico, exitoso y críticamente considerado, y publicó más de 450 trabajos (escribía relatos y hasta cinco novelas serializadas de forma simultánea), que vendieron millones de ejemplares y ganaron los más prestigiosos galardones literarios.

    Después de décadas en que los escritores nipones adoptaban y adaptaban misterios de corte y estilo occidental, Matsumoto fue el responsable definitivo de la popularización del género en Japón por usarlo para denunciar la corrupción moral y política de su tiempo. Sus novelas, además, contribuyeron a elevar el nivel literario de la ficción detectivesca nipona.

    Influido por la literatura proletaria y por su propia vida, las obras de Matsumoto combinaban intriga y crítica sociopolítica de forma magistral. La mayoría relataban crímenes de trama absorbente y resolución lógica y —como reportero frustrado que era— destacaban por su cuidada documentación y nivel de compromiso, criticando por igual a norteamericanos y japoneses.

    Otro de sus rasgos más característicos fue la elección de sus protagonistas. Al contrario de lo que sucedía en la mayoría de novelas escritas por sus colegas, cuyos personajes solían ser superdetectives, Matsumoto optó por poner al frente de las investigaciones a policías corrientes enfrentados al sistema, mucho más humanos, mucho más veraces, realistas y dolientes.

    El expreso de Tokio

    Sus primeros textos fueron relatos de misterio históricos basados en sus propias investigaciones, que sobresalían por su rigor y objetividad. Pero si por algo es especialmente conocido y reconocido, fue por sus cuentos y novelas criminales serializadas entre los años 50 y los 70 y que, a lo largo de los 80, fueron adquiriendo un enfoque internacional, analizando, por ejemplo, la relación entre la mafia y la masonería.

    Por si todo esto fuera poco, también cultivó el ensayo, con obras como Niebla negra sobre Japón (1960), donde analizaba doce crímenes reales ocurridos durante la ocupación norteamericana, además de escribir libros de Historia moderna y antigua.

    Aunque Matsumoto fue, tal y como hemos señalado, un autor muy prestigioso y tremendamente fecundo, a España solo nos ha llegado El Expreso de Tokio (Libros del Asteroide, 2014), una pieza de relojería literaria publicada por entregas a lo largo de 1957 y que supuso su primer gran bombazo. Un año después, la novela fue adaptada al cine y en 2007, a la pequeña pantalla con el gran Takeshi Kitano como protagonista.

    La historia arranca con los cadáveres de una camarera y un prometedor funcionario abrazados en una playa. Todo apunta a que se trata de un doble suicidio por amor. Sin embargo, el veterano inspector Torigai y el joven subinspector Miara sospechan que detrás de sus muertes se esconde un intrincado plan para ocultar un caso de corrupción.

    El Expreso de Tokio es un inteligentísimo sudoku criminal, tan ágil y medido como los horarios de los trenes que sustentan su argumento y que, minuciosamente investigados por el propio autor, juegan un papel decisivo en su resolución.

    Algunos escritores como Ranpo y Yokomizo tuvieron lectores muy fieles y entusiastas, pero Seicho Matsumoto fue el primer autor de género en llegar al gran público, y muchas de sus novelas han sido llevadas al cine, siendo especialmente celebrada la adaptación de “El castillo de Arena” (1974). De su mano, el noir nipón no solo rompió con las convenciones del género, tratando temas contemporáneos con personajes creíbles y situaciones realistas, sino que se popularizó y alcanzó la madurez literaria, logrando así el gran objetivo del autor: “Sacar la novela detectivesca de la mansión encantada”.

    Y aunque se temía que su fallecimiento por cáncer en 1992 iba a suponer el fin de la escuela social, esta aún sigue vigente hoy en día.


    FUENTE: SERGIO VERA (El Pais)




    Películas basadas en sus Obras


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    Masako Togawa


    Masako Togawa, precursora del feminismo criminal japonés
    Desde que la ficción detectivesca desembarcó en Japón a finales del siglo XIX siempre contó con numerosas seguidoras. Y es que, gracias a la imposición de la educación primaria durante el gobierno Meiji, a partir de la década de 1870 las mujeres tuvieron acceso a la cultura.

    Para dar respuesta a su sed literaria, aparecieron incluso géneros creados expresamente pensando en sus supuestos gustos e intereses, como la llamada ficción familiar (katei shosetsu) y la literatura para chicas, (shojo shosetsu). Obras con protagonistas femeninas que representaban el ideal de ryosai kenbo (buena esposa, madre sabia) con el que las autoridades pretendían preservar la moralidad de la mujer japonesa y sus roles tradicionales.

    Tal vez por eso, muchas lectoras niponas rompieron con las convenciones de género aficionándose al que nos ocupa. Y pese a su supuesta inmoralidad, cuando tuvieron hijos, les inculcaron su pasión por el crimen literario. Con el paso del tiempo, algunos de esos niños se dedicaron a la escritura, como Edogawa Ranpo, que si no fuera por las lecturas compartidas con su madre, probablemente jamás se habría convertido en el padre del misterio literario japonés.

    Pese a la indudable relevancia del papel de las mujeres en la popularización del género a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando nació la ficción detectivesca nipona en las revistas de los años 20 y los 30 del pasado siglo muy pocas lo cultivaron.

    Y no por discriminación, que conste.

    Como los editores de las revistas sabían que los relatos de misterio tenían mucho éxito entre las lectoras (estudiantes, sobre todo), algunos como el luego archiconocido novelista Seishi Yokomizo trataron de reclutar autoras para su publicación en un intento por hacerse con el mercado femenino y repetir el éxito de damas del misterio occidental como Agatha Christie o Dorothy L. Sayers.

    La mayoría de las contadas escritoras de misterio del período de entreguerras fueron mujeres próximas al mundo editorial como la novelista Hirabayashi Taiko (1905-1972), más conocida por sus obras de literatura proletaria, o la traductora Matsumoto Keiko (1891-1976), responsable de la traslación al japonés de muchos de los textos de Agatha Christie.

    En cualquier caso, estas colaboraciones se redujeron a apenas un puñado de relatos sin grandes diferencias respecto a los publicados por sus colegas, por lo que la presencia de autoras en los orígenes de la literatura de misterio japonesa fue más que nada testimonial.

    La P.D James japonesa

    De hecho, no será hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando irrumpan con fuerza en la novela criminal. Una de las pioneras y más conocidas (y la única de su generación en ser traducida por estos pagos) fue Masako Togawa (1933-2016), una polifacética feminista.

    Huérfana de padre desde temprana edad, Togawa debutó muy pronto como cantante y regentó el Blue room, uno de los clubes más conocidos de Tokio, durante décadas. Pero no solo eso. Además, fue compositora, guionista, profesora de canto, actriz, socióloga y, por supuesto, novelista.

    La llamada P. D. James japonesa publicó más de treinta obras de género, con gran acogida entre la crítica y el público, tres de las cuáles fueron traducidas por Ediciones B en los 90 y que hoy en día solo se pueden encontrar en librerías de segunda mano.
    Se trata de historias atópicas y corales, con personajes atípicos y psicológicamente complejos (especialmente los femeninos). Thrillers llenos de giros y finales imprevisibles de estilo inusitadamente experimental, como demuestra su ópera prima: La llave maestra (1962).

    ¿Qué tienen en común un travesti atropellado, un bebé enterrado dentro de una maleta, un violín desaparecido en los años 30 y el secuestro del hijo de un militar americano? Un bloque de apartamentos.

    Para ser más exactos, un bloque de 150 apartamentos para mujeres solteras en el Tokio de los años 50. Pero cuando desaparezca la llave maestra que abre todas las puertas, estos y otros secretos que habían permanecido ocultos durante años saldrán a la luz.

    Así es la laberíntica trama de este prodigioso rompecabezas criminal, donde se alternan multitud de historias, voces y momentos para crear y recrear de forma magistralmente polifónica la vida de un grupo de mujeres japonesas durante la postguerra. Una joyita que, no obstante, requiere de gran concentración para un lector occidental ya que, a los numerosos saltos temporales se le unen un buen puñado de nombres fácilmente confundibles que, sin embargo, no restan un ápice de interés para todo aquel que quiera leer una novela diferente. El libro, que Togawa situó en el lugar donde residió durante su juventud, supuso su debut por la puerta grande, alzándose con el prestigioso premio Edogawa Rampo.

    Mucho más accesible en todos los sentidos resulta Lady killer (1963), que arranca con una escena demoledora como pocas: el suicidio de una joven telefonista embarazada...

    Embarazada de Hichiro Honda, un depredador sexual que lleva un Diario del cazador donde detalla todas sus conquistas. Pero cuando sus amantes empiezan a aparecer estranguladas y todas las evidencias lo señalen, hasta el conquistador dudará de su inocencia.

    Una novela de venganza absorbente a caballo entre el suspense y el noir, de ritmo ágil y sorprendente desenlace en la que Masako Togawa retrata con crudeza los claroscuros de la sociedad japonesa de su tiempo, consiguiendo dotar de vida con unas pocas pinceladas a una galería de personajes de muy diversa condición social (particularmente mujeres). Una feroz y salvaje crítica al mito de Don Juan nominada al premio Naoki, bestseller internacional adaptado con gran éxito al cine y a la televisión.

    La última obra traducida de Masako Togawa, Un beso de fuego (1985) es la menos conocida y, a mi juicio, la menos recomendable.

    De esta forma, vemos como las novelas de Masako Togawa rompen drásticamente con la tradición del país del Sol Muriente. Sus tramas, personajes y estructuras van mucho más allá del enigma clásico, que subyace incluso a la escuela social de Matsumoto.

    Además, está considerada un hito del feminismo en Japón, y su obra tuvo gran influencia sobre las escritoras del boom de los 90.

    Por todo esto y mucho más, los editores españoles deberían apresurarse a rescatar a Masako Togawa del olvido y, si te gusta el negro sin importar el género de su autor, no debería faltar en tu colección


    FUENTE: SERGIO VERA (El Pais)




    Películas basadas en sus Obras


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    Natsuo Kirino



    Natsuo Kirino, nacida en Japón en 1951, es una de las pocas escritoras de novela policíaca cuya obra va mucho más allá de las convenciones del género. Además de ganar el premio más importante de novela negra en Japón, el Gran Premio de Escritores de Misterio, Kirino ha obtenido El Premio Naoki, prestigioso galardón literario, con Soft Cheeks. Sus libros se han publicado en 16 países y varios de ellos se han llevado a la gran pantalla. Out es su primera novela en España. La autora ha sido bautizada por la crítica en Estados Unidos como la reina japonesa del crimen.


    FUENTE: PlanetaDeLibros










    Películas basadas en sus Obras


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  14. #8
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    Miyuki Miyabe



    Nacida en Tokio en 1960, Miyuki Miyabe es la escritora de misterio número 1 de Japón, además de una de las autoras contemporáneas más conocidas en su país. Sus libros han sido traducidos a 11 idiomas y más de 15 de sus novelas han sido adaptadas para la gran pantalla, conviertiéndose en películas muy taquilleras.

    En 1993 obtuvo el prestigioso premio Shugoro Yamamoto por la novela La Sombra del Kasha















    Películas basadas en sus Obras
    • Rakuen (TV Mini-Series) (2017)
    • Solromonui Wijeung (TV Series) (2016)
    • Mohóhan (TV Series) (2016)
    • Bonkura (TV Mini-Series) (2014)
    • Soromon no gishou: Kouhen saiban (2015)
    • Soromon no gishou (2015)
    • Peter no sôretsu (TV Mini-Series) (2014)
    • Osoroshi ~ Mishimaya Henchô Hyakumonogatari Kotohajime (TV Mini-Series) (2014)
    • Sakura hôsara (TV Movie) (2014)
    • Samishii Kariudo (TV Movie) (2013)
    • Namonaki Doku (TV Mini-Series) (2013)
    • Kogure shashinkan (TV Mini-Series) (2013)
    • Pafekuto buru (TV Mini-Series) (2012)
    • Level 7 (TV Movie) (2012)
    • Snark gari (TV Movie) (2012)
    • Riyû (TV Movie) (2012)
    • Suteppufazâ suteppu (TV Series) (2012)
    • Hoa-cha (2012)
    • Kasha (TV Movie) (2011)
    • Majutsu wa sasayaku (TV Movie) (2011)
    • Yonimo kimyo na monogatari 20th anniversary special fall 2010 (TV Movie) (2010)
    • Nagai nagai satsujin (2007)
    • Brave Story (2006)
    • Riyû (2004)
    • Copycat Killer (2002)
    • Pyrokinesis (2000)
    • Kasha: Kâdo hasan no onna! (TV Movie) (1994)
    • Majutsu wa sasayaku (TV Movie) (1990)

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  16. #9
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    Hiro Akagawa



    Autor japonés, Jiro Akagawa es conocido por sus novelas dedicadas al género de la intriga y el misterio, siendo uno de los autores más vendidos en Japón con más de 300 millones de ejemplares vendidos a lo largo de sus más de 30 años de carrera. Akagawa ha firmado más de 480 novelas y es uno de los autores más prolíficos de su generación.

    Akagawa comenzó a publicar en 1976 y varias de sus obras han sido llevadas al cine, tanto en formato animado como en imagen real. Pero si hay que destacar alguna de sus numerosas series de libros, esa sería la de la Gata Holmes, que ha logrado un gran éxito también a nivel internacional.












    Películas basadas en sus Obras

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  18. #10
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    Keigo Higashino



    Autor japonés, Keigo Higashino estudió Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Osaka, tras lo que comenzó a trabajar como ingeniero para la compañía DENSO. Fue durante esta época cuando comenzó a escribir sus primeras novelas.

    En 1985 se dio a conocer ante el gran público gracias a su novela Hokago, con la que recibió uno de los grandes galardones literarios dedicados al misterio de los que se otorgan en Japón, el Edogawa Rampo. A partir de ese momento sus novelas alcanzaron gran popularidad y desde entonces ha recibido premios como el Honkaku, el Naoki o el Chuokoron. A nivel internacional ha sido finalista del Edgar y le fue concedido el Polar Internacional de 2010.

    Su obra más conocida es La devoción del sospechoso X, la primera de su serie del Detective Galileo traducida a varios idiomas, y que ha sido adaptada en formato televisivo en su país de origen. Más de quince de sus novelas han sido llevadas al cine y la televisión.












    Películas basadas en sus Obras


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  20. #11
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    Ryu Murakami



    Director de cine y escritor japonés, Ryu Murakami ha combinado su labor en el cine, donde habría que destacar su película Tokyo Decadence, con su prolífica faceta literaria, de gran éxito en Japón con más de treinta títulos publicados.

    Ganador del prestigioso premio Akutagawa y también del Gunzo con su primera obra, Azul casi transparente en 1976, Murakami consiguió un enorme éxito de ventas con más de un millón de copias vendidas.

    De entre el resto de su obra habría que destacar también Sopa de miso, ganadora del Premio Yomiuri de 1988 y Audition, obra adaptada al cine por el director Takashi Miike.



    Películas basadas en sus Obras


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  22. #12
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    Fuminori Nakamura



    Fuminori Nakamura nació en 1977 en Tokai, en la prefectura de Aichi, en el centro de Japón y se graduó en la Universidad de Fukushima en 2000.
    En 2002, ganó el prestigioso premio literario Shincho para nuevos escritores por su primera novela, Jū, y en 2005 ganó el premio Akutagawa por Tsuchi no naka no kodomo.
    En 2010, El ladrón (Suri, 2009), su única obra traducida al español, ganó el premio Kenzaburo Oe, uno de los principales premios literarios de Japón.
    Con su enfoque frecuente en los personajes que nacieron o fueron empujados a la pobreza, Nakamura proyecta una luz intensa sobre los aspectos, a menudo pasados ​​por alto, del Japón contemporáneo.












    Películas basadas en sus Obras


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    Okamoto Kidō

    Kidō nació en Tokio el 15 de Noviembre de 1872, con el nombre Okamoto Keiji. Su padre Keinosuke, samurái siervo de la familia Tokugawa, trabajaba para la delegación británica en Japón, en cuya sede se instala con su familia en 1873. Keinosuke inculca en su hijo el gusto por la poesía clásica china, y su tío le enseñará la lengua inglesa y pondrá en contacto con las historias extranjeras de misterio. La familia Okamoto solía acudir con frecuencia al kabuki, por lo que desde pequeño Kidō mostrará un gran interés en el tema.

    Tras graduarse de secundaria en 1890, Kidō comenzará a trabajar en el periódico Nichinichi Shinbun (actual Mainichi Shinbun), donde escribiría como crítico teatral y articulista, utilizando como seudónimo “Kyōkidō”. Durante décadas trabajó en diversos periódicos, llegando a vivir en Manchuria como corresponsal de guerra durante la guerra ruso-japonesa.

    En 1896 publica su primera obra de kabuki, Shishinden (El salón de ceremonias) en el diario Kabuki Shinpō, y en 1902 estrena por primera vez en el teatro Kabuki-za de Tokio la obra Kogane no Sachi Uwasa no Takanami (Las altas olas de la orca dorada), en colaboración con Oka Onitarō. Pese a no ser un gran éxito, obras posteriores y su colaboración con el actor Ichikawa Sadanji II en el teatro Meiji-za desde 1908 lo llevaron a la cima del éxito. Su obra de 1911 Shuzenji Monogatari (Historia de Shuzenji) llegó a representarse en el Théâtre des Champs Elysées de París en 1927, interpretada por el actor Firmin Gémier . Con más de un centenar de composiciones, el éxito de Kidō llevó a la creación del concepto “Kidōmono” (“historia de Kidō”) como género.

    Kidō también se dedicó a las seriaciones de relatos en prensa desde 1913 y hasta el día de su muerte, llegando a trabajar para más de un diario a la vez. De todas las series del autor, la más importante fue sin duda Hanshichi Torimonochō (Historias del detective Hanshichi), que comenzó en 1916 con carácter mensual, motivada por la lectura de las historias de Sherlock Holmes de Conan Doyle. Kidō buscó evitar lo fácil, que habría sido ubicar sus historias de detectives en el presente, y centró las aventuras de Hanshichi en un pasado cercano y con un mayor grado de ingenuidad, el periodo Edo (1603-1868). Lo que en un principio fueron tres entregas alcanza un éxito desmesurado, adaptándose a obra de kabuki en 1926 con Onoe Kikugorō VI en el papel del detective. En 1919 recupera al personaje con la serie de nueve entregas Hanshichi Kikigakichō (Anotaciones de Hanshichi). Cansado quizás de escribir sobre Hanshichi, en 1924 lanza la serie Miura Rōjin Mukashibanashi (Historias del anciano Miura), una especie de spin-off sobre un amigo del detective. Finalmente, en 1934, por petición del presidente de la editorial Kōdansha, gran aficionado al personaje, Kidō retomará de nuevo a Hanshichi y seguirá publicando sus aventuras hasta su muerte. La última pieza que escribiría fue un caso de Hanshichi: “Futari Nyōbō” (“Las dos esposas”).

    Desde 1936 se dedica a colaborar con ensayos en el Sunday Mainichi (suplemento dominical del Mainichi Shinbun). En 1937 ingresa en la Academia de las Artes y publica su último texto no dramático en la revista Tora. En 1938 sus últimos escritos teatrales para la revista Butai (fundada por él mismo en 1930).

    Okamoto Kidō murió el 1 de marzo de 1939 en Meguro (Tokio) a causa de una neumonía. Tras su muerte, su pupilo e hijo adoptivo Okamoto Kyōichi se propuso la labor de preservar y difundir la obra de su padre mediante la creación de la editorial Seiabō, cuya presidencia sigue ostentada por la familia en la figura de Okamoto Shūichi, nieto del autor.

    FUENTE: kappabunko

    Obras de Okamoto Kidō traducidas al español:

    Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis (Quaterni, 2012)

    Fantasmas y samuráis. Cuentos modernos del Viejo Japón (Quaterni, 2013)

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  28. #15
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    Muchas gracias por toda esta colección de escritores! Cómo te lo curras siempre, Sanful!

    Me encanta este género, de la mayoría he leído algún libro. El último el de La chica de Kyushu de Seicho Matsumoto, y gracias a ti he visto que tiene película con subs en inglés, esa me la apunto que el libro me enganchó de principio a fin

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  30. #16
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    Muchas gracias por tan valioso aporte. Como siempre en AT son los mejores. Saludos.

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    Un trabajo impresionante e imprescindible para los amantes del género
    Anotadas montones de cosas, muchas gracias @sanfulgencio

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  34. #18
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    Muy buen trabajo @sanfulgencio una contigo, siempre aprende

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  36. #19
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    me impresiona su trabajo siempre tan completo y por demas super inetersante.... muchas gracias por compartirlo...

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